La sospechosa pasividad de las fuerzas marroquíes ante la avalancha migratoria en Ceuta.
Resulta difícil creer que un movimiento de esta magnitud pudiera producirse sin que las autoridades marroquíes fueran conscientes de lo que estaba ocurriendo.
A medida que la situación fronteriza se acerca a la normalidad va quedando más claro el papel que durante esta crisis ha representado Marruecos y sus fuerzas de seguridad que hoy sí han aumentado su presencia y frenado cualquier intento de traspasar a píe la frontera. Porque cuando miles de personas trataban de alcanzar Ceuta a nado o bordeando el espigón, también llamaba la atención la aparente pasividad de las fuerzas marroquíes para impedirla. Mientras que, a escasos kilómetros de allí, Mohamed VI presidía la Fiesta del Trono. Una coincidencia que algunos medios próximos a la Corona alauí llegaron incluso a describir a esta avalancha migratoria como un "regalo" para el discurso del monarca, que sigue calificando a Ceuta y Melilla como ciudades ocupadas y sostiene que su incorporación a Marruecos es solo cuestión de tiempo. Resulta difícil creer que un movimiento de estas dimensiones pudiera producirse sin que las autoridades marroquíes fueran conscientes de lo que estaba ocurriendo. Entre quienes analizan la estrategia de Rabat gana fuerza la idea de que esta crisis además de ejercer presión sobre la política exterior española también serviría para medir la respuesta de España, de la Unión Europea y de Estados Unidos ante una violación de la integridad territorial de Ceuta o Melilla ante un posible asalto de mayor contundencia en el futuro. Mientras tanto, el Gobierno español apunta a las mafias como responsables de impulsar la avalancha. Sin embargo, esa explicación deja abiertas muchas preguntas. Porque las redes criminales obtienen beneficios transportando migrantes, no animándolos a lanzarse al mar para esquivar un espigón o a bordearlo a pie.