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La conquista del paso del Noroeste es una historia llena de heroísmo y tragedia.
Durante siglos, la muerte y el desastre se encontraron con quienes buscaban el legendario Paso del Noroeste. La vía marítima más deseada que conecta el océano Atlántico con el Pacífico y la travesía más corta entre Europa y Asia. Pero para ello hay que atravesar el laberinto helado del archipiélago del ártico canadiense hasta llegar a las costas de Groenlandia. El descubrimiento de esta ruta es una mezcla de heroísmo y tragedia y de una eterna lucha contra un océano que durante la mayor parte del año está congelado. El Nombre de Sir John Franklin está grabado en la desventura de esta conquista. En 1845 zarpó desde Inglaterra con dos buques de la Royal Navy, el Erebus y el Terror, pero nunca regresaron. Los barcos quedaron atrapados en el hielo y los 128 hombres de la expedición murieron. Su desaparición dio lugar a la mayor operación de búsqueda de la historia del Ártico en la que participaron, el británico
Robert McClure y su tripulación que a través del mar y después por tierra encontraron algunos restos de la expedición de Franklin y se convirtieron en los primeros llegar a cruzar el Paso del Noroeste, pero no en completar toda la travesía por mar. Esa hazaña llegó medio siglo después cuando el noruego Roald Amundsen completó entre 1903 y 1906 la primera travesía del Paso del Noroeste de este a oeste
Amundsen demostró que la ruta era posible, aunque demasiado arriesgada para tener valor comercial en aquel momento. A principios del Siglo XX el groenlandés Rasmussen fue el primero, junto a dos intuís, en completar en trineo durante 16 meses, la ruta del Noroeste, pero no fue hasta 1940 cuando el canadiense Henry Larsen se convertía en el segundo hombre cruzar completamente por mar, el paso del pacífico al Atlántico, navegando a través del laberinto helado del ártico y lo hizo en ambas direcciones, demostrando que la ruta era viable y que tenía un valor estratégico incalculable. Ese valor estalló en plena Guerra Fría cuando la zona se transformó en una zona de tensión silenciosa entre Estados Unidos y la Unión Soviética. La lucha ya no era contra el hielo sino por el control del Ártico.
Hoy, en pleno siglo XXI, el Paso del Noroeste vuelve a cobrar importancia, esta vez por el deshielo acelerado del cambio climático que ha abierto ventanas de navegación más largas cada verano. El viejo sueño que devoró a Franklin y coronó a Amundsen, continúa siendo una frontera líquida donde historia, ciencia y geopolítica
se cruzan entre los hielos que, por primera vez en milenios, empiezan a ceder.