La venta de suplementos alimenticios crece sin parar a pesar de que su efectividad está cuestionada por la ciencia
La mayoría de suplementos carece de respaldo científico que demuestre que son eficaces y los controles para fabricarlos no son tan estrictos como los exigidos a los fármacos.
El consumo de suplementos se ha disparado en nuestro país en los últimos años. Se estima el 58% por ciento de la población ha consumido alguna vez estos complementos que mueven ya 2000 millones de euros en España. Estos productos Se venden libremente en farmacias u online en atractivas páginas que en muchos casos prometen resultados eficaces, basados en supuesta evidencia científica. Médicos e investigadores independientes señalan que faltan ensayos clínicos sólidos que demuestre que son útiles para todo el mundo. Sí, pueden funcionar para grupos específicos, y siempre se deben tomar bajo consulta previa a un facultativo. Sin embargo buena parte de los consumidores los toman sin preguntar. En ese sentido los profesionales de medicina preventiva advierten que las carencias de un buen patrón alimentario no pueden suplirse con pastillas. Afirman que “una rodaja de salmón no equivale a una cápsula de Omega 3”. Pocos productos como la creatina, sí han sido ampliamente estudiados. Pero para la mayoría tampoco hay ensayos a largo plazo sobre posibles efectos negativos. Uno de los más demandados ahora mismo es el magnesio, no hay pruebas de su eficacia pero su consumo en principio no parece peligroso, pero hay algunos grupos vitamínicos del grupo B que pueden entrañar riesgos. Otros como la ashwaganda, también muy de moda, han sido prohibidos en algunos países después de que hayan sido reportados casos de daño hepático por parte de consumidores de este remedio natural contra la ansiedad y el insomnio. Por otro lado una mala formulación de estos suplementos si puede conllevar riesgos graves otro motivo más para ser asesorado por un médico a la hora de tomarlos.