La solidaridad comunitaria llega al límite en Ceuta
Ong's y asociaciones vecinales piden responsabilidad a las administraciones
Más de 300 mujeres y niños sobreviven en el campamento erigido por la asociación de vecinos de la barriada de Sidi Embarek desde que entraron en avalancha en Ceuta, el 30 y 31 de julio. El recinto, levantado con lonas y tiendas de campaña cedidas, se mantiene operativo gracias a donaciones de particulares y al trabajo de voluntarios locales. Está junto al cementerio y la mezquita. En este emplazamiento han intentado sostener el colapso y ayudar en la emergencia dentro de sus posibilidades. Pero ya han llegado al límite, relata su coordinadora, Karima Mustafá. "Ya llevamos un mes así. Lo hicimos porque quisimos pero ya estamos muy cansados. Esto no nos corresponde a nosotros", señala.
La Luna Blanca distribuye diariamente más de 1.000 raciones de comida: desayunos, almuerzos, meriendas y cenas en algunos casos. Son el único sustento para atender a las personas que ya están en los campamentos habilitados. Su portavoz Halima Hamed nos confiesa:" todos los ceutíes estamos ya muy cansados, muy hartos, y yo me incluyo. Estamos sobrepasados, al limite, queremos volver a la normalidad, que se agilicen los protocolos". Exigen responsabilidades por parte de la Administración Central.
Mientras, a cinco días de que arranque oficialmente el curso escolar el próximo 9 de septiembre, los residentes también intentan recuperar la normalidad. El desbordamiento de las infraestructuras de acogida públicas —con más de 1.400 menores no acompañados registrados en las últimas semanas— ha desplazado la presión asistencial hacia los barrios. Especialmente en Loma Colmenar, donde la tensión vecinal va en aumento. Los padres llevan días concentrándose frente a la Escuela Infantil Nuestra Señora de África para mostrar su rechazo a la construcción de un centro de acogida a cincuenta metros de su puerta. Ayer lograron paralizar las obras. Hoy el ayuntamiento ha instalado un vallado perimetral y se ha establecido un dispositivo policial para que los operarios continúen asfaltando el terreno.
Mientras las administraciones evalúan las solicitudes de financiación de emergencia y el posible refuerzo operativo de la agencias europeas, la ocupación del espacio público deja estampas insólitas en la costa. En la playa del Trampolín, la arena se ha convertido gradualmente en una pequeña ciudad efímera con pasajes, pequeñas zonas de intercambio y refugios de lona. Un verano en el que tiempo parece haberse detenido, sin respuestas.