El puente abandonado que albergó la tragedia
Forma parte de un proyecto paralizado en 2014 por la presión vecinal
El minuto de silencio en el centro donde estudiaban las víctimas concluye con un aplauso afligido. Y justo después el director, José Carlos Micó, apenas puede articular palabra debido al dolor. Trata de contar que justo ayer celebraban que 3 de las chicas que cayeron tras derribarse el puente iban a iniciar su beca Erasmus. Junto a otros cuatro alumnos del CIFP LA GRANJA, un centro de referencia al que acuden personas de toda España, salieron a caminar cuando al llegar al puente sobre la playa de El Bocal, sobrevino la tragedia. El puente forma parte de un proyecto de sendero iniciado por costas en 2014. Se interrumpió por el rechazo vecinal y precisamente algunos vecinos califican hoy el estado de las infraestructuras. 5 jóvenes murieron al caer. Hay una sexta víctima a la que aún buscan en aguas del cantábrico y una única superviviente, aún en la UCI. La policía judicial también trabaja sobre el terreno para determinar las causas del colapso. La alcaldesa de Santander y el secretario de Estado de Medioambiente no han querido pronunciarse sobre la titularidad de la infraestructura. Tampoco sobre qué organismo es el responsable del mantenimiento. Alegan que ahora es momento de centrarse en las víctimas y en las tareas de rescate. Y añaden que están recopilando la documentación oportuna para hacerla llegar al juez encargado del caso, quien, presumiblemente, deberá determinar en última instancia qué administración o administraciones tienen responsabilidad en el suceso.