Preocupación y angustia entre la colonia venezolana en nuestro país ante la magnitud de la tragedia del doblete sísmico
Están vilo por sus familiares, amigos y allegados
Las caras de preocupación y de angustia se repiten en los consulados desde que el teléfono los despertó de madrugada acercándoles hasta España la tragedia. Están en vilo por los más mayores. Y la distancia pesa en exceso en Kimberly, por ejemplo, que no sabe nada de su hermana. Aunque duela ver en redes la destrucción, todos se aferran al teléfono. Zulema ansía que le lleguen ya buenas noticias. Esas pocas palabras que cuando llegan desarman. Los que por fin han contactado escuchan atentos el relato. Y hay quien a miles de kilómetros, entre el miedo, lanza consejos. Los negocios regentados por venezolanos hoy no cierran para dar ese calor a los compatriotas. Les mueven las ganas de ayudar. En medio de ese pesimismo que arrastran desde hace demasiados años.