El ministro vapuleado y la tregua que nunca existió
A Óscar Puente no le valen su tono comedido y sus explicaciones para evitar el cerco de sus enemigos
"Voy a entrar al trapo lo menos posible". Son palabra del ministro Óscar Puente. Y más le ha valido porque con tres accidentes en apenas cuatro días y con su historial, de haber querido entrar no hubiera tenido tiempo para otra cosa. Y no era plan. La cruda realidad reclamaba a un Puente en modo crisis (más crisis que nunca), el del tono comedido, el de las mil explicaciones. Casi tan exótico como el clima político en los primeros días tras el choque. El PP entró suave: ¡TREGUA!, cantaban las crónicas, dando por descontados los improperios de Vox, las quejas de maquinistas y el enfado de las víctimas, la presión de los medios. Por no hablar de lo de las redes, tan llena de 'haters' del ministro. Así que tregua, para Puente poca. Y, en general muy sui géneris. En el propio PP, el silencio de los primeros días tuvo sus resistencias y acabado el luto, se acabó todo: "Es el caos", proclamó Feijóo. Tras la cordialidad de las primeras horas se escondía en realidad una bronca en diferido.