Mandar cartas es para muchos algo anecdótico
Ahora lo único que llega a casa son los paquetes
Algunos todavía recuerdan lo que era, pero aquello de las cartas se ha quedado en eso, en el recuerdo. Las cartas viven horas bajas y se convierten en misivas y postales que de costumbre pasan a souvenir. O incluso, alimentando el choque generacional, hay quien habla de recreación histórica. Como en todo, hay excepciones a la regla, pero, según los datos, tirar de puño y letra entre remitentes y destinatarios es cosa de ayer. Solo el 13% de los españoles lo hace. Las cartas, ni llegan ni se esperan. Están destronadas y sin mucha delicadeza por el rey de los reyes. Ahora, quien toca la puerta ya no es tanto el cartero, sino el repartidor.