Los incendios del verano pasado siguen causando daños
Ríos contaminados porque la tierra calcinada es incapaz de absorber la lluvia y actúa como un trampolín
La clave está en la cantidad, y la dosis de ese veneno llamado ceniza se cuenta por toneladas. 50.000 hectáreas ardieron este verano en Ávila y Madrid. La Fundación Reforest Poject trabaja el lienzo en negro mediante surcos o sonrisas, unas 2.000 por hectárea. Después hay que resemillar para aportar clorofila. Sonrisas de vida cubiertas de paja para evitar la deshidratación. Evitar la erosión es vital para que árboles que parecen muertos empiecen a brotar. Y van apareciendo, sin cortar ni reforestar. A la acción inmediata del terreno quemado le unen un cerebro tecnológico. Una estación satelital para ayudarnos a entender el cambio del negro al verde.