Los incendios de este verano dejan un gran desgaste psicológico en los afectados y los efectivos de emergencias
Han sido tres semanas de lucha contras unas llamas que parecían imposibles de extinguir
Vimos la furia de las llamas desde todos los ángulos posibles a través de los ojos de quienes luchaban incansablemente contra ellas. Montes dominados por el fuego naranja y pueblos cubiertos de un humo negro que asfixiaba. Ha transformado la tierra y la vida de miles de vecinos y ahora que los últimos rescoldos se van apagando lo que queda es la memoria. Queda el recuerdo de los que vieron su hogar en peligro, su trabajo perdido y lo único que tenían arrasado. El fuego no entendió de fronteras. Saltó de Ourense a Lugo y recorrió parte de Castilla y León y Extremadura. Falta mucho por sanar. Una herida que se extiende por más de 418.000 hectáreas, que se reflejó en el desalojo de los vecinos y que perdura en la memoria de quienes lo han perdido todo.