Desarticulan una organización criminal dedicada a la explotación sexual de mujeres en prostíbulos de Soria y Castellón
Han sido detenidas cinco personas que captaban mujeres en situación de vulnerabilidad
Agentes de la Policía Nacional han desarticulado una organización criminal dedicada, presuntamente, a la trata de seres humanos con fines de explotación sexual y a delitos relativos a la prostitución y contra la salud pública. La investigación ha permitido detener a cinco personas que integraban un entramado dedicado a captar mujeres sudamericanas, en situación de vulnerabilidad, para explotarlas sexualmente en dos prostíbulos situados en las localidades de Soria y Burriana (Castellón).
La organización captaba principalmente a mujeres de origen sudamericano que atravesaban situaciones de especial vulnerabilidad y, una vez en España, las trasladaban a los inmuebles donde eran explotadas sexualmente. Paralelamente, también incorporaban a mujeres residentes en territorio nacional mediante el denominado sistema de “plazas”, ofreciendo alojamiento temporal que, en realidad, consistía el lugar donde debían atender a los clientes.
Las víctimas únicamente percibían la mitad de los ingresos obtenidos por los servicios sexuales, mientras que la otra mitad era apropiada por la organización. Además, la captación de nuevas mujeres se favorecía mediante el contacto entre las propias víctimas y otras mujeres en situación de necesidad, ampliando así el alcance del entramado criminal.
Con el objetivo de asegurar el sometimiento de las mujeres y prolongar la explotación, los integrantes de la organización recurrían a rituales de santería, una práctica profundamente arraigada en los países de origen de muchas de las víctimas, que utilizaban como mecanismo de control psicológico para mantenerlas bajo su influencia.
La investigación también permitió constatar que la red obligaba a las mujeres a firmar contratos de arrendamiento para aparentar una actividad legal y eludir responsabilidades. Sin embargo, las habitaciones de los prostíbulos estaban destinadas exclusivamente a la prestación de servicios sexuales y las víctimas ni siquiera podían descansar en ellas, viéndose obligadas a dormir en un espacio común habilitado con varias camas y un sofá. Además, permanecían disponibles de forma permanente para atender a los clientes y, en determinadas ocasiones, eran obligadas a mantener relaciones sexuales sin preservativo o a consumir sustancias estupefacientes cuando así lo exigían los clientes. La organización también suministraba fármacos para la disfunción eréctil destinados a su venta y utilización durante los servicios sexuales, mientras que los beneficios obtenidos eran canalizados tanto mediante pagos en efectivo como a través de terminales de cobro con tarjeta instalados en los propios prostíbulos.