Ceuta estrena curso con blindaje militar en los colegios e itinerarios escolares

Los profesores tendrán que recuperar en las aulas la rutina que no vuelve a las calles

08 de septiembre 2026 - 14:50

Los colegios de Ceuta han reabierto este martes sus puertas en un clima inédito de tensión social y preocupación comunitaria. Los niños no han podido disfrutar del verano como otros años: sin ir a las playas de la ciudad, ni jugar en los parques, ni en las calles. Estaban deseando reencontrarse con sus amigos y poder disfrutar del tiempo libre en los patios, sin preocuparse, coinciden al señalar los padres, que se despiden de sus hijos con el corazón en un puño.

Miles de inmigrantes merodean por la ciudad, acampan en cualquier parte. Una situación que ha obligado a desplegar un dispositivo extraordinario de seguridad en los accesos a los centros escolares, con militares armados, apostados en las puertas y en las calles aledañas, lo que provocando notables índices de absentismo y el rechazo explícito de algunas familias.

Hasta la ciudad autónoma se ha desplazado de urgencia la Ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Milagros Tolón, con el objetivo de evaluar la situación junto a la comunidad educativa y supervisar las medidas de protección en los entornos escolares. En sus declaraciones tras mantener encuentros con directores y representantes de las AMPAS, la ha señalado ante los medios: " ahora mismo, la presencia es de un 65% a un 75%. En algunos centros ha habido más absentismo y en otros más participación". Consciente del malestar social, ha trasladado un mensaje de calma: "Yo entiendo la ansiedad de las madres y padres en este momento difícil. Que vean la colaboración y que estamos trabajando para que sus hijos no solamente estén seguros en las aulas, sino también en los itinerarios escolares", ha dicho.

A pesar del mensaje institucional, las percepciones entre los propios responsables educativos difieren. Gema Belmonte, presidenta de la Cooperativa del Colegio Concertado Beatriz de Silva, ha criticado que en su centro "la entrada ha sido casi con normalidad, entre un 80% y un 90%", aunque no han cumplido con los efectivos prometidos a primera hora: "Denunciamos que no había ni militares ni seguridad en la entrada, solo el policía local que regula habitualmente el tráfico. Hemos recibido quejas de las familias porque habíamos prometido una seguridad que no hemos visto".

Algunos padres admiten que "no queda más remedio" que llevar a sus hijos porque los propios menores deseaban reencontrarse con sus compañeros. Otros han dejado los pupitres vacíos. "Esto no es normal... militares, cámaras en la puerta. ¿Tú ves normal armas en la puerta?", denunciaba una madre en los accesos a un colegio cercano a la zona portuaria. En el entorno del Puerto de Poniente, donde los operarios ultiman la instalación de un nuevo campamento de contingencia sobre una parcela estratégica de 16.000 metros cuadrados, la indignación de los padres era tajante: "Esto es territorio comanche".

A ello se suman las quejas por la falta de salubridad y seguridad en aquellos centros cuyos perímetros exteriores han sido ocupados durante la noche por personas en situación de pernocta. "Habrá que desinfectar", reclamaba un vecino ante la presencia de enseres abandonados junto a las vallas del patio. Este atípico inicio de curso supone el broche a un verano dramático que ha paralizado la rutina cotidiana en la ciudad autónoma. A lo largo de los meses de julio y agosto, la presión migratoria en el espigón del Tarajal y el colapso de la red asistencial —con más de 1.400 menores no acompañados tutelados por la Ciudad Autónoma— han derivado en la ocupación de espacios públicos y la proliferación de campamentos improvisados en barriadas como Sidi Embarek o la playa del Trampolín.

El creciente malestar social ha desencadenado movilizaciones masivas de familias y colectivos vecinales frente a la construcción de recursos de acogida a escasos metros de centros educativos, como la Escuela Infantil Pública Nuestra Señora de África. Entre la inquietud de los residentes y la parálisis institucional, los más perjudicados han sido los propios niños de Ceuta, que han visto transcurrir el estío privados del uso normal de parques, plazas y playas, cambiando los juegos en la arena por un confinamiento en sus hogares a la espera de una normalidad que aún se resiste a volver.

Atlas News
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