El cerebro de los astronautas se ve afectado por la microgravedad
El viaje a la otra cara de la Luna realizado por la NASA no solo ha aportado información sobre el satélite
En la ingravidez del espacio, el cerebro flota, se desliza y se reconfigura como si también quisiera escapar de la gravedad terrestre. El desplazamiento es pequeño, solo unos milímetros, pero lo suficiente para afectar al cuerpo humano. El sensor del oído se deteriora, afecta al equilibrio y las dificultades para recuperarlo es una de las secuelas más comunes que sufren los astronautas al volver a la Tierra. Y aunque la mayoría se recuperan en días, los cambios pueden durar meses, y eso plantea un desafío y muchas incógnitas de cara a futuras misiones espaciales más prolongadas.