Buques cazaminas, la solución al desarme de explosivos en el estrecho de Ormuz
El casco de estos barcos es de plástico reforzado para evitar activar los explosivos submarinos
Con o sin acuerdo de paz, el bloqueo del estrecho de Ormuz no acabará hasta que actúen los buques cazaminas, encargados de hacer una investigación del lecho marino y encontrar posibles artefactos explosivos que puedan estar por ahí. España no enviará ninguno de sus seis cazaminas a Ormuz, pero todos funcionan así: el sónar emite una onda de ultrasonido que al chocar con un objeto rebota dibujando formas que luego hay que confirmar con cámaras, las minas van en el fondo, ancladas, o a la deriva, estas últimas menos frecuentes. Se activan por aumento de presión. A mayor profundidad menos daño produce. Cuando por el sónar se sospeche de un objeto se para el buque en un punto. Después lanzan robots con cámaras para confirmar si es una mina. Para desactivarla se lanza un robot que deja explosivo a su lado, un torpedo guiado o se sumergen buceadores. Es una de las guerras más desiguales en costes que existe, si una mina puede valer unos 2.000 euros, desactivarla puede alcanzar los 100.000 por los medios y tiempo necesario. Los cazaminas también vigilan los cables de comunicaciones submarinos y gasoductos. Son el mayor objetivo de Rusia que ya ha saboteado algunos en el Báltico arrastrando pesadas anclas por el fondo, disfrazándolo de accidente.