Las altas temperaturas y la baja humedad elevan a extremo el riesgo de incendios forestales durante el verano
Expertos advierten de que la orografía del terreno y la falta de gestión preventiva en los montes aceleran la propagación del fuego
El verano expone al campo a una situación límite debido a la combinación de temperaturas extremadamente altas y una humedad atmosférica muy baja. Esta sinergia climática genera un escenario propicio para que el peligro de incendios forestales se sitúe en niveles altos o extremos durante gran parte de la temporada estival. Los profesionales del sector señalan que no solo influye el factor térmico, sino que la orografía juega un papel determinante, ya que la presencia de pendientes y la orientación de solana provocan que el fuego avance con un ímpetu significativamente mayor. Ante esta amenaza, la gestión forestal sostenible y la limpieza de parcelas se consolidan como herramientas clave, puesto que la retirada de materiales que sirvan de combustible no evita el origen de los fuegos, pero reduce drásticamente sus efectos y facilita las labores de extinción. En caso de encontrarse en una situación de emergencia, las pautas de seguridad priorizan el confinamiento en el interior de las viviendas. Se recomienda cortar la conexión eléctrica, apagar el aire acondicionado para evitar la entrada de humo y refugiarse en las habitaciones interiores o más alejadas de la dirección del avance del fuego. Los especialistas insisten en que todas estas medidas de reacción y autoprotección son el último recurso frente a una problemática que requiere una actuación anticipada. El mantenimiento del entorno rural y las labores de limpieza a lo largo de todo el año resultan fundamentales para mitigar el impacto de los fuegos en la época de mayor riesgo, constatando la máxima sectorial de que los incendios forestales comienzan a apagarse durante los meses de invierno.