Adiós al cúter y el celo en las farmacias
Una rutina implantada ya en el siglo pasado que tiene los días contados en el País Vasco
A golpe de cúter y celo, los farmacéuticos hacían saber a cualquier paciente que acudía a la farmacia que el medicamento que compraban necesitaba receta médica. Un ritual consistente en quitar el código de barras y pegarlo en una hoja que permitía hacer un riguroso seguimiento de lo dispensado y evitaba el fraude. Y esta era la realidad hasta hace relativamente poco. La búsqueda de eficiencia hace que esa tradición se convierta en cosa del pasado. Ahora, con todo digitalizado, basta con tachar con un rotulador el código de barras después de haber pasado el código QR del fármaco por el sistema. Hace un año que lo hacen así en Valencia, y antes de verano el País Vasco se incorpora también a la tendencia. De esta manera, la atención al paciente será más rápida y personalizada. Y, por si fuera poco, también supondrá un menor gasto de papel.