Más de 180 heridos permanecen hospitalizados
El pabellón de Toledo, uno de los habilitados para afectados y familiares, se ha convertido en lugar de reencuentros
Lastimados, conmocionados, pero vivos. Entre contusiones, heridas abiertas y ropa ensangrentada, el más puro sentimiento de alivio. Apenas a unos metros del amasijo de hierro, decenas de personas son atendidas a los pies de ambulancias y almendros. El vaivén de sanitarios y el apremiante ruido de las sirenas se impone en la escena. También en estaciones se vive una cruda realidad; horas de agónico silencio. Muchos familiares insisten, llaman y buscan, desesperados, una respuesta. Y algunos afortunados reciben buenas noticias y se deshacen en abrazos. El pabellón de Toledo, uno de los habilitados para afectados y familiares, se ha convertido en lugar de reencuentros. Eufóricos, incrédulos, se aferran a hijos, amigos, familiares o parejas. Hoy ellos lo tienen claro: han vuelto a nacer.