Xi Jiping pide a Trump que no venda armas a Taiwán
Cumbre de negocios y poder en Pekín para la historia con una puesta en escena impresionante y medida al milímetro
En la enorme escalinata del Gran Salón del Pueblo, reservado para las grandes ocasiones, Xi Jinping recibía a Donald Trump. Apretón de manos entre rivales estratégicos en batalla por la hegemonía mundial. Recibimiento con alfombra roja y niños, perfectamente coordinados, agitando banderas chinas y estadounidenses y flores. Al grito de bienvenidos, para deleite de Trump. Toda la pompa e inspección de tropas en una ceremonia en la que asombra la precisión de la Guardia de Honor y una coreografía milimetrada nueve años después de la última visita de Trump a China. Testigos del espectáculo, el séquito de grandes magnates que acompaña a Trump, con un Elon Musk que graba para no perder detalle. Sentados a la gran mesa, Trump se deshace en halagos. "Eres un gran líder", le dice al presidente chino. Y afirma que esta es quizá "la cumbre más grande de la historia". Mientras Xi apela también a la cooperación pero, según medios chinos, le advierte de que su relación depende de Taiwán: no quiere que venda armas a la isla. Banquete de Estado y brindis porque la revitalización de China -dice su presidente- puede ir de la mano de una América que sea grande de nuevo. Trump le invita a la Casa Blanca en septiembre. Tiempo también para el turismo con una visita al Templo del Cielo y dos líderes tratando de ascender a lo más alto.