Trump exhibe su lado más servicial con Xi Jinping
Sobre la mesa: la IA, las tensiones con Taiwán y las relaciones comerciales
Sonriente, Trump recibe de nuevo a Xi Jinping, esta vez en su estancia dorada. Más de tres horas de reunión donde aseguran haber acercado posturas. Encima de la mesa la preocupación de la IA, las tensiones con Taiwán y, como no, las relaciones comerciales entre ambos países.
El segundo cara a cara del año, Trump lo califica como "gran reunión". Xi Jinping confía en esta amistad, asegura que los intereses entre ambos están profundamente entrelazados.
La visita continúa y sigue la misma línea, adorar al líder chino. También saca músculo con su helicóptero militar al que le invita a subir. Acostumbrados a las bravuconadas de Trump, en esta visita vemos su lado más servicial.
En cuanto la puerta del coche de Xi se abre... el presidente le aplaude para más adelante sorprenderle con una actuación de la banda de infantería de la marina.
Ya en la cena de estado le muestra su sitio para después alabarle en el brindis "por la larga relación entre China y Estados Unidos, que ha superado miles de kilómetros y se ha extendido a lo largo de cientos de años."
No ha podido evitar mencionar a su ansiado salón de baile: "Y si me permiten salirme del guion por un segundo, solo quería decir que tenía que hacerlo. Tenía que hacerlo. " invitando a todos los presentes a ver las obras tras la cena.
Y como buen anfitrión, los regalos tampoco han faltado. Trump le obsequia con un estatua de un águila como símbolo del poder estadounidense, le pide que encuentre un buen sitio donde colocarlo.
Pocas horas le quedan al líder chino en suelo estadounidense, pero desde que lo pisó, Trump ha dejado claro lo encantado que está con su visita.