La pérdida progresiva de hielo pone en jaque a las poblaciones de pingüino emperador y lobo marino
Ambas especies han sido declaradas “en peligro de extinción“ por la Unión Internacional de la Naturaleza
El pingüino emperador es la especie de pinguino más grande que existe. Vive exclusivamente en la Antártida a diferencia de otros pingüinos: crían sobre el hielo marino durante el invierno, incuban el huevo entre sus patas, entre ellas también nace la cría y ahí se la turnan los padres para alimentarla. Pero ese mismo hielo sobre el que se reproducen se está reduciendo drásticamente cada año desde hace más de una década, amenazando su supervivencia, hasta llevarla a entrar en la lista de especies en peligro de extinción de la UICN. Hay expertos que aseguran que en 50 años su número podría reducirse a la mitad. Otros como Carlos Barros, conservador de aves del Oceanográfic de Valencia, confían en que puedan adaptarse. El cambio climático también está afectando al lobo marino antártico. En los últimos 20 años ha pasado de haber más de dos millones de ejemplares a no alcanzar el millón, sobretodo por la disminución de su principal alimento, el krill, que se ha desplazado a zonas más profundas por el calentamiento del agua, pero además porque hay otros depredadores compitiendo por él, como los cetáceos que en los últimos años se han recuperado al disminuir la caza, o los humanos, que lo pescan.
La amenaza a estas especies por lo que está haciendo el calentamiento global son otra llamada de atención a la necesidad urgente de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, una cuestión que está perdiendo protagonismo frente a otros asuntos.