Los nuevos documentos de Epstein vuelven a sacudir a la Casa Real británica
Los archivos publicados en Estados Unidos reavivan las sospechas sobre el príncipe Andrés y apuntan a posibles vínculos con figuras internacionales
Los nuevos documentos sobre Jeffrey Epstein, publicados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, siguen provocando un fuerte impacto en la Casa Real Británica. En una entrevista sin fecha, Epstein llegó a reconocerse como “depredador sexual de nivel uno”, el más bajo dentro de una supuesta clasificación. Una afirmación que contrasta con el volumen de material difundido en los últimos meses. Entre los documentos figuran nuevas imágenes del Príncipe Andrés, así como correos electrónicos en los que se menciona el envío de una joven de 26 años a Londres. La publicación de estos archivos ha impulsado además la denuncia de otra mujer, que asegura que Epstein la envió a la capital británica para pasar un fin de semana con el príncipe. Tras la difusión de fotografías con mujeres en el apartamento del financiero en Nueva York, el propio Gobierno británico ha solicitado que Andrés comparezca ante la justicia estadounidense. Mientras tanto, este lunes ha sido fotografiado practicando equitación. El caso también ha tenido consecuencias políticas. El Partido Laborista ha confirmado la salida del exministro Peter Mandelson, después de que los archivos revelaran que recibió 75.000 dólares de Epstein cuando era diputado, además de aparecer en imágenes comprometidas. Paralelamente, gana peso una teoría que apunta a que Epstein pudo actuar como intermediario para servicios de inteligencia como la KGB y el Mossad, utilizando fotografías y vídeos para chantajear a personas influyentes. Los documentos publicados el viernes incluyen 1.056 referencias al presidente ruso Vladimir Putin y 9.629 menciones a Moscú. Según fuentes citadas por el Daily Mail, Epstein habría dirigido “la mayor operación de trampa de miel del mundo” para obtener información comprometedora. No obstante, los propios archivos subrayan que, hasta el momento, no existe evidencia documental que vincule directamente a Putin o a los servicios de inteligencia rusos e israelíes con las actividades ilícitas del financiero.