Irán se asoma al precipicio tras un nuevo fin de semana de protestas contra el régimen de los ayatollahs
La represión de las revueltas acumula casi 200 muertos y miles de detenidos
Cortes de carreteras, barricadas de fuego, gritos que reivindican a los herederos del Sha - ¡Viva el rey!, se oye en ls calles-, así es el paisaje de un Irán convertido en polvorín tras vivir otra noche de protestas. Y ya son muchas. Lo que empezó hace dos semanas como una queja de comerciantes por la inflación y la escasez ha incorporado el malestar por lo político y lo religioso, se ha expandido por todo el país, es ya una impungación global al régimen de los ayatolás, bunkerizado a la vista de la que se le avecina. Con el país en estado de alerta, la represión del Gobierno se hace cada vez más dura. Los muertos rondan los 200, según Human Rights, los detenidos se cuentan por miles. El bloqueo de internet no ha impedido que las redes sean, una vez más, escaparate de lo que pasa allí dentro. Que nos llegue el sonido de los disparos, la imagen de las morgues, de la quema de edificios, del rastro que está dejando tras de sí la oleada de indignación popular. Acuciado por la inestabilidad máxima del país, el presidente se ha abierto al diálogo y a atender la preocupación "legítima", ha dicho, de quienes protestan por la mala situación económica. A la inversa, Reza Palhevi, hijo del último Sha de Persia, ha animado a mantener viva la revuelta.