El doble terremoto arrasa el norte de Venezuela pero aún es imposible calcular los daños humanos y materiales
Aun es tiempo de encontrar a víctimas con vida ante los llamamientos desesperados de los familiares
Una joven intenta dar aliento a Álvaro, atrapado entre cuerpos sin vida en un restaurante, tiene la espalda bloqueada. Ella y su compañera son estudiantes de medicina, se han ofrecido voluntarias y esta será la primera vida que salven como futuros médicos. Los servicios sanitarios están desbordados.
Hay tantos escombros por levantar que otra mujer ha estado 16 horas pidiendo ayuda desde lo alto sin que nadie la viera. Porque todos buscan bajo el suelo y encuentran vivos aunque en estado de shock. los supervivientes hacen llamamientos desesperados, pero no hay manos para auxiliarlos a todos, ni siquiera para encontrarlos. La impotencia de tener a los suyos sepultados, se repite en cada esquina.
Con escobas y palas raquíticas, sin maquinaria pesada, una labor de desescombro titánica y del todo incompatible con la rapidez que se requiere en estos momentos. El silencio llega cuando hay que sacar cuerpos sin vida, pero también hay noticias de las buenas con supervivientes tan increíbles como la de tres hermanos rescatados sanos y salvos y solo aparentemente ilesos. A veces queda un pequeño hueco para la esperanza.