La desesperación inunda cada rincón de la zona devastada
Sin maquinaria, en muchos barrios solo tienen botes de pintura con los que rescatistas y afectados marcan los lugares donde aún creen que pueden estar sus familiares vivos
Dentro de lo que fue la vivienda, su yerno muestra dónde cree que está atrapado el cuerpo de su suegra. Solo quieren darle una sepultura digna, que alguien les diga que podrán despedirse de ella. El mensaje causa efecto: al poco tiempo aparecen dos funcionarios, dispuestos a ayudar y a marcar con mayor precisión la zona donde podría estar el cuerpo. No son los únicos. Muy cerca de allí, otra hija desesperada busca a su madre entre bloques, hierros y objetos rotos. La búsqueda ya no es solo un operativo de rescate, se ha transformado en un velatorio que se eterniza sobre los escombros. Familias enteras se niegan a moverse del lugar donde estaban sus casas. La noche en La Guaira es ya una mezcla de búsqueda, duelo y espera interminable.