La crisis energética en Cuba fuerza el cierre de una treintena de hoteles
El sector turístico sufre sin combustible, sin transporte y sin suministros
La gasolina se ha convertido en el mayor deseo de Cuba y en un bien casi mitológico. En las calles se ven cada vez menos coches y más gasolineras cerradas. La escasez de combustible está matando a la isla lentamente. Sin el petróleo venezolano y con las amenazas de Donald Trump de imponer aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba, las importaciones de crudo han desaparecido. El tiro de gracia a la maltrecha economía cubana está a punto de consumarse, porque sin diésel no hay transporte, sin transporte no hay suministros, y sin suministros no hay turismo que resista. Un sector que emplea a más de 300.000 cubanos y que supone la segunda fuente de ingresos de la isla. La imagen del todo incluido se topa con la realidad del todo racionado. El régimen comunista ya ha cerrado una treintena de hoteles con el objetivo de optimizar recursos. Las consecuencias de la escasez no han tardado en llegar: Canadá y Rusia, que son los dos países que más turistas llevan a Cuba, han suspendido los vuelos a la isla al no poder repostar y están sacando a sus ciudadanos además de recomendar no visitar el país.