Exigen más unidades específicas para el tratamiento de los trastornos de la conducta alimentaria
Rocio Márquez tiene a su hija Maite, de 16 años, ingresada a 450km de su hogar
Mayte tenía 14 años cuando empezó con los síntomas de anorexia nerviosa. Una joven apasionada por los animales y con lesiones cada vez más frecuentes, empezaban a ser cada vez más frecuentes y estaban motivadas por un bullying que la llevó a perder hasta 30 kilos en 4 meses. Para su madre, Rocio Márquez, el mayor miedo es no saber cómo ayudar a su hija y por ese motivo, buscaron todas las ayudas posibles. Porque era imposible convivir con los continuos intentos autolíticos de su hija mientras estaba casa. Finalmente, desde la Comunidad Valenciana la derivaron a uno de los pocos centros de ingreso de menores que hay en Barcelona, a 450km de su hogar. El alarmante aumento de casos de trastornos de la conducta alimentaria entre menores de 12 a 21 años es preocupante. La prevalencia es del 6 por ciento, pero hay que tener en cuenta que de cada caso diagnosticado, hay cuatro sin diagnosticar. Irene llegó a este centro con un TCA que arrastraba desde que tenía 12 años. Ahora después de 8 meses ingresada, se encuentra mucho mejor. Ha aprendido a pedir ayuda, a comunicarse y sobre todo a quererse más.