Sembrar agua, práctica ancestral que garantiza tener agua todo el verano

La siembra ha empezado en la Sierra de Gredos, en Ávila

19 de octubre 2026 - 07:30

Sierra de Gredos

Aliseda de Tormes es un pueblo pequeño, incrustado en el valle de la montaña. Llevan tres años trabajando para recuperar las “regaderas” que se extienden por la ladera de las montañas. Han conseguido poner en marcha tres y, con ellas, han logrado tener agua todo el verano y regar sus huertas, es producción propia. Andrea tiene 23 años, va al pueblo todos los veranos, y siempre que puede en fin de semana, aunque el invierno es siempre menos apetecible, explica. Este año se ha convertido en hortelana y ha puesto en marcha una huerta que ha producido tomates, calabazas, pepinos, cebollas, melones, etc. Dice que la huerta le da tranquilidad, que la conexión con la naturaleza es muy gustosa y que su hora preferida del día es al caer la tarde, cuando acuden los pájaros y ella se pone a regar.

El agua. Sorprende como acompaña su sonido por el pueblo, en los pequeños canales que lo atraviesan. Andrea ha podido regar, porque este verano no ha sido necesario cortar el agua en el río; gracias al trabajo hecho en la montaña, han tenido este recurso también los meses de más calor. Así que subimos a buscar las regaderas, a unos 1.500 metros encontramos una de ellas. Es un surco, no muy ancho, como un pequeño camino, que discurre por la montaña, como si deslizara con el movimiento de una serpiente. Es un contraste, porque arriba está todo seco, mientras que abajo solo hay que abrir la manguera para que brote el agua y riegue la huerta de Andrea. Paco explica que, si no se “sembrara el agua en la regadera”, en invierno, con las lluvias más fuertes, el agua llegaría en tres horas al río. Pero si se logra que circule de manera subterránea, será la tierra quien imprima el ritmo, mucho más lento, y tardará en llegar al rio, al pueblo, tres meses. Es conducir el agua, como hacían nos dicen “los antiguos” por estas regaderas.

Han hecho un calendario para todo el año y ha llegado el momento de retomar el trabajo. Son unos veinte voluntarios los que han subido a la montaña. Recuperan una manera de hacer ancestral, que se enmarca en los sistemas de regadíos históricos, ya denominados por el Gobierno Bien Inmaterial cCltural de la Humanidad; una declaración que debe llevarse a la Unesco antes del próximo 27 de febrero, para que reciba este reconocimiento.

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