Cuando la crisis de la vivienda provoca ansiedad y estrés
El 42% de los inquilinos sufren problemas psicológicos
A María, 28 años, compartiendo piso en Barcelona, sus cuatro paredes se le hacen cada vez más pequeñas. Una vida de alquiler, provisional y sin ningún futuro que le provoca ansiedad y estrés. Tanto desasosiego habitacional acaba pasando factura, también con cuadros de frustración o depresión. La crisis de la vivienda afecta a familias como la de Diana, en Vigo, amenazada con el desahucio. También hace sufrir a las parejas a fin de mes y condena a los jóvenes a quedarse con los padres. Lo que tendría que ser un hogar donde sentirse seguro, tristemente se acaba convirtiendo en un techo que oprime cada vez más.